jueves, 25 de octubre de 2012

Fluir sin un fin, mas que




Lamentablemente, debo declarar que fui un egoísta en haber esperado a que sucediera algo tan trágico como el accidente natural en el cual se encuentra el artista Gustavo Cerati para poder acercarme a toda su obra solista. El que nunca lo hizo, le pido que se saque todo su prejuicio y le abra las puertas a este gran sujeto. Y como era de esperar, no me encontré con algo parecido a Soda Stereo, sino más bien,  algo mucho mayor, enroscado, bello. Pero toda escucha termina con Bocanada, su segundo disco, su obra maestra, su niño experimental.
Nos encontramos frente a una obra que debe entenderse como si fuera compuesta por un solo tema, sin ningún tipo de división, Bajo el mismo concepto todo. A medida que pasan los temas, sentimos como si nos fuéramos hundiendo entre un humo muy espeso, donde las bases electrónicas que acarician al post rock se vuelven golpes oníricos a los cuales nos entregamos.
Cerati sabe combinar excelentemente paisaje sonoro y poesía, en especial en este disco que encontramos bellas letras como por ejemplo “Engaña”, quizás una premonición demasiada exacta a su situación actual, donde nos transmite confusión con un sintetizador distorsionado y de golpe, unas cuerdas acústicas que nos vuelven a dormir. Sigue girando el disco, y las figuras son un poco menos claras. Y es que quizás el sampler elegido para el tema “Bocanada” sea una sección de la extensa canción “Eruption” (de Focus) que nos mese como una hamaca de orquestas hundiéndonos más en la voz de Gustavo.  Todavía nos falta atravesar la hermosa canción (o hit) del disco, y así cruzamos “Puente”, ya nada se puede decir de esa canción que no se haya dicho, simplemente es escucharla y ya. Cuando recapacitamos luego de esa balada, nos encontramos ahogados de cuerdas en el “Rio Babel”, la canción que mas me puede, de esas que no dejas de escuchar, haciéndola repetir hasta el mismo hartazgo.
A esta altura ya no recordamos mas nada de lo que hacíamos, porque en serio, el disco empieza a tornarse un poco más hipnótico. Las baterías se vuelven pedazos de plásticos retumbando con bajos completamente saturados, recordando a casi un boliche de música electrónica, haciéndonos sacudir la cabeza, cerrar los ojos, y movernos, movernos y movernos. “Y si  el humo esta en foco…” el tema más movido del disco, dejando espacio para lo empírico.
Y es así como la banda de rock que acompaña los primeros temas se desvanece completamente para dejarlo a Gustavo con un teclado, un buen par de loops y su voz, hasta terminar completamente en una “Balsa”, reposando en el final del rio, con ritmo en reversa y un piano en clave de suspenso.
Adiós al monstruo de  15 cabezas, que nos deja con una extraña sensación, mientras su padre, madre o tutor duerme en alguna sala de una clínica, sumergido quien sabe hasta cuándo en su sueño más largo.  ¿Los demás? Lo seguimos esperando, aquí y ahora.

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